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domingo, 24 de agosto de 2014

Observando el mundo con otra mirada......


Mi hija cada día me ofrece la oportunidad de mirar el mundo con ojos diferentes, de pararme observando cosas y personas que seguramente en otras circunstancias no habría hecho, de volver hacer las cosas que tanto me gustaba hacer cuando era niña.

Cuando estamos paseando peque se para observando flores (vamos que no siempre a mi ver son muy bonitas la verdad, a veces hasta son resecas) pero ella las miras como fueran de plata, me llama para que también las veas, empieza a olerlas y bueno allá se queda un buen rato y cuando retomamos el paseo va buscando mas...


Les encanta las flores de los arboles, asi que a pesar de estar pequeñita consigue hacerme ver flores que están bien en lo alto en arboles que se encuentra al lado de la acera...

Escucha el motor de un avión y consigue con su dedito y su grito de felicidad hacerme ver donde esta el avión y mas de una vez tuve que rebuscarlo entre las nubes.

Le encanta todo columpio y casi nunca quiere bajarse, pero lo que mas le gusta es verme a su lado en otro columpio jugando  y haciendo lo que ella hace.

Sonrie a la gente que no conocemos, se para observándoles y a todos regala una sonrisa...gracias a ella consigo ver yo también la cara de las personas, me fijo en detalles en los que antes nunca habria hecho caso.

Mi hija me da la oportunidad de volver a descubrir el mundo a través de los ojos y del oído puros e inocentes de una niña, me siento realmente muy afortunada y agradecida que la vida, mejor dicho mi hija,  vuelva a darme esta oportunidad.

Aqui dejo un cuento a mi ver muy pero muy inspirador

UN SEÑOR MADURO CON UNA OREJA VERDE de Gianni Rodari

Un día, en el expreso Soria-Monterde,
vi subir a un hombre con una oreja verde.

Ya joven no era, sino maduro parecía,
salvo la oreja, que verde seguía.

Me cambié de sitio para estar a su lado
y observar el fenómeno bien mirado.

Le dije: "Señor, usted tiene ya cierta edad;
dígame, esa oreja verde, ¿le es de alguna utilidad?"

Me contestó amablemente: "Yo ya soy persona vieja,
pues de joven sólo tengo esta oreja.

Es una oreja de niño que me sirve para oír
cosas que los adultos nunca se paran a sentir:

Oigo lo que los árboles dicen, los pájaros que cantan,
las piedras, los ríos y las nubes que pasan;

oigo también a los niños cuando cuentan cosas
que a una oreja madura parecerían misteriosas..."

Así habló el señor de la oreja verde
aquel día, en el expreso Soria-Monterde.

2 comentarios:

  1. Qué bonita la espontaneidad y la forma de apreciar las cosas de la infancia :)

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  2. Quien pudiera aunque sea por un día volver a ver el mundo por los ojos de un niño...

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